sábado, 7 de julio de 2018

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Una montaña sin alpinistas es algo maravilloso. Un alpinista sin montaña es algo ridículo. Esa necesidad de hollar las cimas esconde algo turbio: cada vez que un escalador resbala y cae al vacío, las voces malignas que habitan dentro de mí no consiguen disimular su regocijo.