viernes, 6 de julio de 2018

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Más filósofo me parece Plutarco que Platón, más Tucídides que Sócrates, más Montaigne que Descartes, más Chamfort que Kant: mucho más aquellos que se nutren de la realidad y van de lo concreto a lo abstracto de forma natural, que aquellos que habitan siempre en las nubes manejando conceptos que muchas veces solo viven como tales. Desde que Zenón de Elea se formulara preguntas como “¿Existe el movimiento?”, comprendí que una parte de la filosofía no me interesa y me llena de impaciencia. No me interesa la duda metódica, no me interesa el mundo invisible, no me interesa el fenómeno y el nóumeno; cuando Heidegger se pregunta ¿por qué hay algo en lugar de nada? dejo de leer, porque la vida es muy corta para entretenerse tratando de coger manzanas que no están a la vista.