jueves, 5 de julio de 2018

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Jajaja, cómo le sale a Josep Pla el típico anticastellanismo común a algunos escritores de las tres nacionalidades históricas (ese anticastellanismo también lo encuentro en Rosalía, en Valle-Inclán, en Barral, en Gil de Biedma, a veces en Baroja y también en Unamuno, por mucho que sean filoespañoles, como filoespañol es el diarista catalán). Escribe Pla en sus dietarios, hablando sobre Baroja:
Hablando seriamente, Baroja tiene las ideas de un europeo normal. Ante la religión, la ciencia, el arte, la vida social, las relaciones humanas, profesa las ideas que en Europa son corrientes entre millones y millones de seres humanos. La revulsión que produce su visión de España viene precisamente del hecho de que Baroja mira a España como hombre europeo normal. Hay personas que estiman la obra de Baroja y que no ven, todavía, este aspecto con una cierta claridad. Ya lo verán más adelante. Mejor dicho: esto se verá, de aquí a unos cuantos años, de un modo absolutamente claro. Baroja es un hombre liberal, tolerante, civilizado.
A mí me parece –por intuición– que cuando un vasco se entrega a la intolerancia y a la manera fuerte se convierte en la quintaesencia del castellano. Cuando, al contrario, su temperamento y su formación le llevan a la tolerancia y a la amabilidad, resulta un centroeuropeo absolutamente estándar.
Estas cosas de Baroja son muy apreciadas por nosotros, los que formamos parte de la joven generación catalana.
O sea, que castellanos = intolerancia y, en cambio, vascos + catalanes = tolerancia, jajaja, ¡qué fácil es escribir! Por otra parte, en Baroja yo no encuentro esa amabilidad y tolerancia de las que habla Pla, cualidades que sí veo por ejemplo en Montaigne; más bien Baroja me parece un viejo cascarrabias que no deja de tener encanto precisamente por eso: por lo cazurro y aldeano que es.