jueves, 5 de julio de 2018

1241


Baroja debió ser muy envidioso, de una envidia además muy cobarde, porque en sus memorias solo se mete con los contemporáneos que han muerto. Sin embargo, como todo envidioso, no veía su defecto, como escribe en Desde el exilio:
Yo no me creo envidioso. Si lo fuera lo diría sin molestia. No tengo constitución hepática. No tiendo en la vejez a ponerme verde sino incoloro.
¿Ha nacido en algún lugar del mundo una sola persona que se plante delante de uno y diga “SÍ, LO RECONOZCO: SOY ENVIDIOSO”?