sábado, 30 de junio de 2018

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No me preocupa escribir mal o que no se me ocurra nada durante unos días, incluso unos meses, porque como escritor me valoro en períodos de al menos cinco años. La nueva etapa diarístico-miscelánea la comencé en octubre de 2017: tengo hasta 2022 o alrededores para progresar y decidir si merece la pena. Lo que sí lamento es mi vacío entre 2013 y 2017, años de tiempo excelente desperdiciados (con tiempo excelente me refiero a que aún no me habían aparecido mis problemas en la vista, en el estómago o en el menisco, y bebía a espuertas sin consecuencias), pero tampoco me autoflagelo: para un escritor que durante años se ha dirigido hacia un sitio, no es tan fácil dar un volantazo y dirigirse a otro.