domingo, 17 de junio de 2018

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Mis prevenciones contra Pedro Sánchez proceden de que hace unas semanas, en una página antirracista, leí unas declaraciones suyas donde anunciaba que iba a luchar contra el racismo catalán y que, en cambio, “iba a hacer todo lo posible por seguir controlando el flujo migratorial a España”. O sea: iba a actuar contra el racismo pequeño e iba a continuar con el racismo grande. No niego la existencia del racismo vasco y catalán contra los españoles porque yo mismo lo he sufrido, pero el nacionalismo eusko-catalán no encarcela a los españoles por no llevar papeles, ni los repatría en un avión de vuelta sin juicio previo, ni les para por la calle por el color de su piel, ni les dispara cuando navegan en pateras a punto de hundirse, ni les niega la nacionalidad por no saber quién es Gabriel Aresti o en qué fechas se celebra la Semana Grande bilbaína. En este país solo existe un racismo con mayúsculas, el que está apoyado en leyes, policía, ejército y troika europea, y es el racismo español.