domingo, 17 de junio de 2018

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La mayor justicia poética contra la patriotería la han traído las lluvias de primavera, que han provocado que las banderas rojigualdas, las compradas por tres euros en el chino, se hayan desteñido tanto que el amarillo se ha vuelto blanco y ahora, cuando los extranjeros vienen a Madrid, no salen de su asombro: ¡qué extraño es este amor de los madrileños por la bandera de Austria!