lunes, 28 de mayo de 2018

1144


Yo
podría deciros de qué se muere un poeta,
no de alcohol ni de cartas sucias,
no de jinete ni melena de caballo,
no de medios amigos o amores enteros,
el poeta se muere por no atreverse a coger el cuchillo
y clavarlo en lo alto hasta hacerle sangre a las nubes,
el poeta se muere por no morder las orejas de las chicas
cuando esas orejas golosas pedían que las mordieras,
el poeta se muere por rehuir el cruce de caminos,
las dobles espadas, la noche decisiva,
¡se muere cuando desprecia la lucha
entre el hueso y la cereza, cuando refrena la lengua,
cuando se tapa los oídos, cuando renuncia al beso,
cuando deja de mirar la línea del horizonte
empuñando sus ojos ofensivos!