lunes, 28 de mayo de 2018

1143


Me he dado dos vueltas por el garaje donde curro para disfrutar en silencio de lo que ha hecho una noche más ese animal mitológico llamado Lebron James. Más cansado que Hércules tras los doce trabajos; después de haber jugado los 48 minutos del partido; rodeado por unos compañeros que esta noche sí que se han portado como espartanos, este Leónidas del baloncesto ha clavado su pica en una cancha de leyenda como el Boston Garden. Cómo será la mitomanía que estoy incubando por este jugador, que he estado en un tris de cambiar en mi portátil el salvapantallas de Rihanna por uno de Lebron James, pero justo cuando iba a hacerlo Rihanna me ha mirado y me ha dicho que no.