domingo, 27 de mayo de 2018

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Leyendo las memorias de Zagajewski, me doy cuenta de que mi problema con él, como el que mantengo con Reinaldo Arenas o con Milan Kundera, es que ellos proceden de un lugar donde la utopía comunista no se ha realizado, y de ese fracaso les procede el escepticismo ante todo tipo de utopía, que para ellos es el germen necesario del totalitarismo. Yo, en cambio, que procedo de un lugar rural donde no pasaba casi nada y los sueños eran de vuelo muy corto, necesito de la utopía para respirar, y no me fijo tanto en las que se volvieron monstruosas como en aquellas como las de Gandhi, Mandela, Mary Wollstonecraft, Thoreau, Bertrand Russell o Luther King, que se cumplieron o están en vías de cumplirse. Si me fracasa una utopía no arremeto contra la utopía en sí sino contras las razones que la hicieron fracasar, y enseguida la reformulo o me embarco en otra.