sábado, 26 de mayo de 2018

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A primera vista se podría decir que la razón es el cáncer que arruina cualquier literatura porque es ordenadora, vinculante, militar; es la razón quien toma la compleja realidad y los cientos de sucesos dispersos que jalonan tu vida, todos caóticos, y los reune, valora y explica hasta hallarles sentido, no porque esos sucesos lo tengan, sino porque la razón solo sabe hacer eso. Sin embargo, ¿no es cierto que este mismo pensamiento que estoy escribiendo contra la razón, lo estoy escribiendo desde ella, y por tanto la razón también puede ser autocrítica y desclasificadora? ¿No es cierto que la obra de Nietzsche es el intento racional de reivindicar el irracionalismo? ¿Que Alberto Caeiro hace metafísica desde la antimetafísica? ¿Que los manifiestos de las vanguardias no eran más que intentos de justificar el irracionalismo con la razón? ¿Que el gran genio y bufón Salvador Dalí pintó sus cuadros con el método paranoico-crítico? ¿Que Poe escribió una teoría compositiva de “El cuervo”? ¿Que el mismo San Juan de la Cruz, tras escribir versos inspirados, escribió unos comentarios finales para que se entendieran?