viernes, 25 de mayo de 2018

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En estos choques entre autores educados en distintos estados-nación, aunque parezca que se discute sobre poesía, realmente no se discute sobre poesía. No me refiero solo a los españoles: cuando ocasionalmente he comentado a algún peruano que, para mi gusto, Vallejo llora demasiado en los poemas, o que su celebérrimo poema “Masa” es tan cursílíneo que no comprendo cómo puede gustar a alguien que haya superado los quince años, noto que se hace un silencio de tres o cuatro segundos en los que mi interlocutor, tras controlar sus ademanes de soltarme una hostia, decide contestarme desde el agresivo respeto. Y es que parece que estamos hablando de Lorca o Vallejo, pero no estamos hablando solo de ellos sino de Lorca = España y Vallejo = Perú, de dos autores secuestrados por dos naciones que los utilizan como andamiaje cultural. ¡Ya no es un ataque a un poeta, es un ataque a un país! Por otra parte, estos poetas te son inoculados desde la infancia, época de tu vida donde toda experiencia te deja una huella muchas veces más grande. ¡No es que te estés metiendo con mi poeta y con mi patria, es que también estás atacando a mi infancia!