jueves, 24 de mayo de 2018

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Y para que se pueda admitir un presidente nacido en otro país habría que cambiar las mentalidades y sustituir patriotismo por ciudadanía y territorio por administración. Habría que convertir cada país en una clínica de desintoxicación para eliminar las vinculaciones emocionales malsanas que llevan doscientos años construyéndose artificialmente. Y para eso hace falta tiempo: no me imagino a la españolada prefiriendo ahora a un presidente como José Mujica, bueno pero uruguayo, antes que un presidente como Rajoy, malo pero español.