miércoles, 23 de mayo de 2018

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Tengo para mí que Miguel Hernández debía ser un hombre muy rígido, un brígido como yo digo, propio quizá de su educación tradicionalista. Relata Elena Garro que, a la vuelta del viaje del oriolano a la URSS, cuando sus amigos le asediaron a preguntas sobre cómo era la nueva potencia comunista, el poeta esquivó a todos argumentando que no era un asunto que se pudiera comentar “a la ligera”.