lunes, 21 de mayo de 2018

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En Homenaje a Cataluña, por cierto, George Orwell se sorprende de que en la guerra civil todos los toreros se pusieran a favor del bando fascista. A mí no me sorprende, tampoco que la mayoría de los deportistas suelan ponerse a favor de los nosotrismos. ¿No es cierto que tanto los toros como los deportes, con sus continuas apelaciones al valor, la fuerza, la masculinidad, la juventud o la disciplina, se ofrecen como un guante a todo argumentario etno-irracional, como bien plasmó Leni Riefenstahl en sus documentales?