viernes, 11 de mayo de 2018

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Se me ocurre que existen escritores búho y escritores tigre: los escritores búho, a la manera de Montaigne o Camus, no hacen frases de máximos ni quieren obligar al lector, sino que le sugieren o invitan a la calma de una sobremesa; los escritores tigre, en cambio, al modo de Unamuno o Nietzsche, tratan de imponerse al lector, le presionan y le gritan hasta cogerle por el cuello, son unos energúmenos de las letras que están locos o fingen estarlo. Lo mejor del escritor tigre es que es más intenso, más iconoclasta y llega más fácil al lector, pero este tipo de escritor también tiene sus peligros: sucede que a veces, en vez de llegar, solo consiguen epatar, ¡y pobres de ellos si el lector empieza a sospechar que, detrás de la garra del tigre con la que escriben, no hay ningún tigre!