jueves, 10 de mayo de 2018

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Se dice que Napoleón se sabía el nombre de todos sus soldados; esta misma anécdota la he leído también atribuida a Julio César y a Jerjes, y una parecida descubro ahora en el De Senectute de Cicerón sobre Temístocles:
Se me argüirá que con la vejez la memoria se pierde. Creo que así es si no se ejercita o si estuviera enferma. Temístocles se había aprendido de memoria todos los nombres de sus conciudadanos. ¿Pensáis acaso que confundía a Lisímaco con Arístides cuando, de viejo, mantenía la costumbre saludar a todos?