miércoles, 25 de abril de 2018

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Iba en el metro leyendo Incitación al Nixonicidio, de Pablo Neruda, tan malo que hasta puede que sea el peor de todos los poemarios que escribió el chileno, lo que ya es decir, pues Neruda es el poeta célebre más desigual que conozco, con obras maestras como los Veinte poemas o Residencia en la tierra y obras siniestras como Canción de gesta o Las uvas y el viento, cuando el pasajero que iba a mi lado me dice:

–¿Neruda? Me encanta ese escritor, me leí sus memorias…, en fin, no sé cómo se llamaban.
Confieso que he vivido –le digo yo.
–Sí, eso, muy buenas.

A mí también me gustan sus memorias, aunque sean del género “Hazañas de Pablo Neruda contadas por sí mismo”, pero me he ahorrado decirle a mi interlocutor lo malo-malísimo que es Invitación al Nixonicidio, malo como para causar daños irreversibles en el cerebro. Neruda es con Lope y Quevedo mi poeta en español favorito, pero cuánta razón contenía aquello que dijo Borges: “Neruda es genial o no es nada”.