lunes, 23 de abril de 2018

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Cuenta Suetonio que, en el certamen de elocuencia griega y latina convocado por Calígula en Lyon, los vencidos debían escribir un poema de elogio a los vencedores, y en caso de que esos versos no gustaran, eran obligados a borrarlos con una esponja o con la lengua, si no querían ser azotados con una palmeta o arrojados al río. ¡Qué lástima que una costumbre así no haya llegado al siglo XXI!