jueves, 19 de abril de 2018

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Es aterrador, al leer los comentarios de estos vídeos de Youtube, la cantidad de gente que se queja de que se presente a Julio César como un genocida. ¡El daño que hace la mitomanía! No les importa que Julio César matara a un millón de galos y esclavizara a otro millón (entre un total de seis millones), o que dejara morir de inanición a 40.000 mujeres y niños, o que fuera habitual que cortara las manos a los adversarios para darles un escarmiento: todo lo justifican, como siempre, con el socorrido en-aquella-época-todos-eran-así. Jamás podré entender por qué extraña avería de la mente una persona del siglo XXI puede admirar más a Julio César que a Propercio, a Alejandro Magno más que a Diógenes, a Bonaparte más que a Champollion, y lo mismo me ocurre con las admiraciones de algunos miembros de las artes o el pensamiento. Sabido es que Julio César fue admirado por gente de la ralea de Carlos V, Hitler o Mussolini; más incomprensible me parece que fuera admirado por Dante, Nietzsche u Ortega y Gasset.