miércoles, 11 de abril de 2018

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Dice el Pseudo Calístenes, al comienzo de su Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, el subrayado es mío:
El más extraordinario y más valeroso de los hombres fue, al parecer, Alejandro, rey de los macedonios, que realizó todas sus obras de manera singular y halló siempre la colaboración de la Providencia con sus virtudes. Pues en guerrear y batallar contra cada uno de sus pueblos gastó menos tiempo del que necesitarían quienes quisieran describir con exactitud las ciudades de aquellos países.  
Claro, eso pasa en todos los aspectos de la vida: conquistar es más fácil que conservar e increíblemente más fácil que comprender. Por eso los llamados grandes hombres son esencialmente antihumanos y es tarea de todos tratar, en el futuro, de borrar de la historia a estos homo nefastus, peores aún que Erostrato, salvo para denunciar sus salvajadas, y aumentar en los manuales la presencia de los grandes benefactores de la humanidad, que no pueden ser otros que celebridades en la onda de Galileo, Erasmo, Renoir, Fleming, Pasteur, Marie Curie o Nelson Mandela.