lunes, 2 de abril de 2018

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Dice Vargas Llosa sobre las razas, en su Conversación en Princeton con Rubén Gallo, a una pregunta de Marlis Hinckley:
En el Perú –y en la mayoría de los países latinoamericanos– la raza es un tema solapado, que no sale a la luz, pero que está siempre en las conductas de las personas. Nuestros países son profundamente racistas, en todas las direcciones. No solamente porque los blancos se consideran superiores a los negros y a los indios y a los cholos, sino porque los negros se consideran superiores a los mestizos, o los indios a los negros. Los prejuicios van de arriba para abajo y abajo para arriba. Al mismo tiempo se disimula mucho, porque la política oficial insiste en que no hay racismo, en que todos somos iguales. Los factores económicos también afectan la definición de quién es indio, de quién es negro, cholo o blanco. Blancos blancos en el Perú hay muy pocos: son una minoría insignificante. Hay gente que se considera blanca, porque alguien que tiene dinero es más blanco que los que no. El dinero blanquea a las personas y la pobreza las cholea. Si tú eres pobre y vives como pobre, entonces dejas de ser blanco, eres cada vez menos blanco y pasas a ser un cholo, un mestizo, un indiecito. Un negro rico casi es blanco. El prejuicio no solamente atiende a la raza, sino también al dinero. Un cholo con dinero ya es blanco y deja de ser tratado como cholo. Al mismo tiempo hay una reivindicación de la raza, como por ejemplo en las corrientes regionalistas. En los años treinta se dio una corriente cholista en la literatura peruana: novelas y cuentos que contaban la vida de los cholos, y que presentaban lo cholo como la esencia del Perú. Porque los cholos habían inventado la música criolla, los bailes, la comida criolla, es decir, todo lo que define la cultura peruana.