sábado, 31 de marzo de 2018

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A tal punto las religiones te adoctrinan y atoran tu capacidad crítica que yo nunca comprendí con propiedad el sacramento de la eucaristía, por mucho que haya comido la hostia sagrada en centenares de ocasiones y que el cura, mientras nos la daba, nos leyera fragmentos bíblicos que no admitían ninguna duda, como “tomad y comed, porque este es mi cuerpo; tomad y bebed, porque esta es mi sangre…”. Sucede con los versículos religiosos lo mismo que con las canciones populares y pegadizas, que te sabes las letras y las has cantado en muchas ocasiones, pero nunca te paras a pensar de verdad en qué significan, hasta que de pronto, muchos años después, te detienes un momento y te dices, ¡coño! ¡Los cristianos se comen a su Dios! ¡Y se beben su sangre! ¡Yo mismo estuve durante años comiéndome transustanciada la carne de Cristo! ¡Qué asco!