sábado, 17 de febrero de 2018

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He vuelto a leer en Umbral la conocida anécdota de Felipe González tras el fallecimiento de Franco, cuando el que llegaría a ser presidente de España, requerido por sus compañeros socialistas para brindar con cava por la muerte del dictador, se negó a hacerlo:

–Yo no brindo por la muerte de ningún español.

Este comportamiento le parece a Umbral maravilloso, tanto que dice que “aquel día Felipe González se convirtió en presidente moral de todos los españoles”. A mí el gesto también me parece bello, desde luego, porque es precisamente delante de personajes dictadores y asesinos donde un gesto de humanidad brilla con más fuerza, pero lo encuentro mejorable: ¿por qué González no se atrevió a decir que no brindaba por la muerte de nadie, fuera español, turco, alsaciano o congolés?