sábado, 24 de febrero de 2018

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La prueba más dura para el zurcidor de palabras neorrabioso es volver a leerse un poco de El Quijote, volver a leerse un poco de Los Miserables o volver a leerse Macbeth, para, después de semejante prueba de humildad, acudir al baño a lavarse la cara y decirse muy firme ante el espejo: ME DA IGUAL, VOY A SEGUIR ESCRIBIENDO.