lunes, 19 de febrero de 2018

769


Se le olvidó cerrar en su cerebro el hueco de la chimenea y una vez al año le entraba la locura con sus tres pistolas: la pistola del desorden, que disparaba contra los ochos y los relojes; la pistola del deseo, que apuntaba a los escotes de los escaparates, y la pistola de la destrucción, espléndida como la melena de un caballo que nació de las numerosas fornicaciones entre la memoria y el viento.