lunes, 19 de febrero de 2018

768


–¿Está usted dispuesto a morir por algo?
–¡Por supuesto que no!
–¿Y si se encuentra ante alguien que sí está dispuesto a hacerlo?
–¡Le cortaría la luz! ¡Le pondría la zancadilla!
–¿Por qué va usted por la calle con esas latas atadas al cuerpo?
–Me las pusieron los niños, me confundieron con un perro.
–¿Se dedica usted a disolver a las gentes?
–¡Ya me gustaría! ¡Si dejara de masturbarme!
–¿Entonces cuál es su función en la sociedad?
–Extender la confusión, la misma en la que me encuentro yo.
–¿Cómo? ¿Trata de regresar al caos original?
–¡Exactamente!