sábado, 17 de febrero de 2018

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Una vez que el siglo XX fundó la desconfianza en las palabras, el escritor se ha vuelto impotente y en vano fingimos que seguimos creyendo en ellas; sus límites se nos han hecho tan evidentes que la ironía se ha convertido en la nueva reina y ya solo nos atrevemos a hacer propuestas afirmativas a través de máscaras.