sábado, 17 de febrero de 2018

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Pero mi diferencia esencial con los nosotristas es que yo, cuando me pongo a vivir en un lugar y conozco a nuevas gentes, al de cuatro o cinco años ya estoy hasta las puntas de las pestañas tanto del lugar como de las gentes… ¡cómo iba yo a amar un territorio que enseguida se vuelve un yogur caducado y a unos vecinos empeñados en salir a la calle con su cara de siempre!