viernes, 16 de febrero de 2018

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–Entonces, Batania, si ya no podemos utilizar palabras con connotaciones sexistas, y tampoco términos taurinos ni metáforas bélicas, y ahora según tú tampoco podemos utilizar los habituales símiles con animales que veníamos empleando sin ninguna malicia… ¿quedan aún en el diccionario quince o dieciséis palabras limpias de la empanada buenista-política-ideológica que se trae tu cabeza?
–Por falta de palabras no será. El castellano es el Rockefeller de las palabras. Aunque los poetas de hoy se arreglen con trescientas cincuenta, las hay a millones. ¿Sabes lo que le ocurrió a Miguel Delibes cuando ingresó en la Academia de la Lengua?
–Dime.
–Pues que reunió los nombres que los lugareños daban a los pájaros en la zona de Burgos, donde solía radicar sus novelas rurales, y se presentó con ochocientos para que la RAE los incluyera en el diccionario. Te puedes imaginar que se los rechazaron.
–¿Por qué?
–¡Hombre! Pues porque los académicos, con buen tino, le dijeron: “Pero señor Delibes, ¿sabe usted lo que ocurriría si, además de aceptar sus ochocientos nombres de pájaros en la zona de Burgos, tuviéramos que aceptar por la misma razón los otros ochocientos que se dan a los pájaros de la zona de Badajoz, en Almería, en Cuenca, en Huesca y, ya puestos, en todas las regiones de los 23 países donde se habla castellano? ¡El diccionario sería ingobernable!
–Pero entonces, ¿cuántas palabras tiene el español?
–No se sabe, porque se están creando nuevas continuamente. Yo tengo un diccionario, el Gran Diccionario de Uso del Español Actual, editado por la SGEL, que está basado en el corpus lingüistico Cumbre, que cuenta con veinte millones de palabras. Pero los expertos hablan de que el español se puede mover entre los 35 y los 50 millones de palabras.
–¡50 millones de palabras!
–Eso es. El DRAE solo es una selección de las 80.000 palabras más "famosas". Por eso me reafirmo en que no podemos andar usando palabras sexistas, fachas o antianimalistas, porque además en la mayoría de los casos son tópicos o clichés que desmejoran la obra de un escritor. Un autor que elimina esas palabras o metáforas y las sustituye por otras no se empobrece, se enriquece. Y ojo que yo tengo mis engendros llenos de palabras y metáforas con las connotaciones que vengo denunciando, pero espero ir desapareciéndolas poco a poco en el futuro.