jueves, 15 de febrero de 2018

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–Por favor Batania no mientas, que tienes escrito que fuiste nacionalista vasco hasta los veinte años y que tu propio padre era un vasco-vasco racial que decía que él "no podía ser español”. No me imagino a tu familia animando a España en Eurovisión.
–Porque eres madrileño y, como el 80% de los madrileños, te sientes mejor pensando que todos los independentistas odian a España. Pero eso no es así. Hasta los veinte años yo me sentí solo vasco, pero me levantaba de la cama a las tres de la madrugada para animar a Poli Díaz contra Whitaker, celebraba con locura el 12-1 en fútbol a la selección de Malta y lloré el día en que Francia ganó a España en la final de la Eurocopa, con aquel gol que se le escurrió por debajo del cuerpo a Arconada. Y mi padre era igual: su cantante favorita era Rocío Jurado y su político Adolfo Suárez. Nunca le escuché a mi padre una sola palabra mala sobre los españoles, y en cambio casi siempre hablaba mal de los vascos.
–¿O sea que estás reconociendo que también es posible ser un patriota español sin odiar o despreciar a los extranjeros?
–¡Claro que es posible! ¿Pero piensas que un patriota, por el solo hecho de que no odie o no desprecie al extranjero, ya es una figura a elogiar? Una persona que solo se interesa por los habitantes que viven en unos kilómetros cuadrados determinados, que cuando Rafa Nadal es eliminado deja de seguir el tenis, que desde que Fernando Alonso no gana carreras ha dejado de ver la F1 y ha provocado que su audiencia se desplome en España, que sigue leyendo solo diarios españoles desde que Internet ha puesto a nuestra disposición los de todo el mundo, que se centra solo en los habitantes nacionales, que suponen el 0’6% del planeta, y pasa olímpicamente del 99’4% restante, ¿crees que es una figura a elogiar?
–No manipules, Batania, que yo conozco a muchos españoles que se sienten patriotas y además se interesan también por todo lo extranjero.
–Jajajaja, ¡qué rápido habéis abrazado lo del “patriotismo cosmopolita” desde que los catalanes sacaron lo del “nacionalismo cosmopolita”! Pero eso es un sinsentido: en el momento en que te sientes “cosmopolita”, dejas de ser patriota o nacionalista y reconduces tu amor por España o por Catalunya a unos niveles más moderados: puedes seguir sintiéndote español o catalán, desde luego, pero no al punto de llamarte “patriota” o “nacionalista”. Si quieres hacemos una apuesta.
–¿Qué apuesta?
–Salimos ahora a las calles de Madrid y pedimos a los transeúntes que nos digan el nombre de cinco escritores extranjeros vivos de Europa y cinco presidentes de gobierno actuales, también de Europa. ¡A ver cuántos “patriotas cosmopolitas” encontramos, jajaja! ¡Te juego una cena a que no encontramos suficientes como para llenar el estadio del Rayo Vallecano!
–Yo creo que sí los encontraríamos, incluso para llenar también el Bernabéu. Pero Batania, una pregunta, ¿por qué eres tan visceral contra los patriotas y los nacionalistas?
–Los motivos los estoy contando en mi libro de memorias “El hijo de Puskas”, pero digamos, motivos personales aparte, que llegó un momento en mi vida en que me di cuenta de que yo no puedo estar pegando botes de alegría delante de la televisión porque la selección de España le está metiendo doce goles a Malta. Date cuenta de lo que estaba sucediendo: once jugadores millonarios de una potencia mundial del fútbol, España, estaban masacrando a once jugadores no profesionales, en su mayoría electricistas y albañiles, pertenecientes a una selección minúscula como Malta. Con el tiempo me he dado cuenta de que tanto el nacionalismo como el patriotismo deshumanizan a la gente, te impiden darte cuenta de que los-jugadores-de-Malta-están-siendo-humillados. Un catalán que convierte su deseo de independizarse de España en uno de los motivos principales de su vida es una persona que se ha deshumanizado; un madrileño que quiere impedir por-todos-los-medios que los catalanes se independicen es otra persona que se ha deshumanizado: ni Catalunya ni España son motivos suficientes para merecer esa sacralización. Me di cuenta de que todas las decisiones que debo tomar en el espacio público deben estar motivadas por lo humano y lo planetario (no solo las personas sino los animales, las plantas, la Tierra al completo). Y como pienso que uno de los principales enemigos de lo humano y de lo planetario es el patriota o el nacionalista, decidí con mucho gusto hacerme hostil a ellos.