domingo, 11 de febrero de 2018

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Atinada conclusión de Beatriz Gimeno en este divertido artículo (AQUÍ) publicado en CTXT sobre el sexismo en el lenguaje:
Portavoza se impondrá o no, eso no es lo importante. Lo importante es que en la medida en que las mujeres vamos entrando en espacios que antes eran infranqueables para nosotras arrebatamos privilegios, y uno de ellos –de los más importantes– es el de nombrar. El lenguaje no es una suma de reglas gramaticales, sino que construye mundos; y visibiliza una realidad y no otra, da forma a un imaginario y no a otro, edifica un pensamiento y no otro. Nombrando, las mujeres construimos un mundo que nos incluye y damos forma a pensamientos y a lenguajes que antes eran inimaginables, construimos realidades que saltan por encima de las reglas que pretendían atar un mundo que hemos desbordado, incluidas las reglas gramaticales. Y por eso hemos dicho Secretaria, y Jueza, y Alcaldesa y Médica y Notaria y Mujer Pública (sí, como yo) y Presidenta y Miembra y Genia (que por cierto, tampoco existe) y diremos Portavoza si nos da la gana. Y si las mujeres lo usamos, se impondrá porque somos la mitad, (un poco más de la mitad) y hemos descubierto que podemos dar nombre a las cosas y lo hacemos. Así pues, nombramos porque podemos, sin más, y no hay mucho más que explicar. Y no hay gramática en el mundo que pare esto o, mejor dicho, en la medida en que tomamos la palabra pública para nombrar tenemos también el poder de cambiar la gramática y feminizarla; porque queremos y podemos. Y la RAE terminará recogiendo el lenguaje que usemos aunque sea entre los llantos de algunos académicos y de unos cuantos chistosos cutres.