sábado, 10 de febrero de 2018

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No me encontré, en mis tiempos en el mundillo de la poesía, con un solo poeta que se me presentara reivindicando o presumiendo de su españolidad. Con ninguno. También conocí a muchos poetas catalanes, sobre todo del Poetry Slam de Barcelona, y tampoco hubo uno solo que me destacara siquiera un ápice su catalanidad. De los poetas se pueden decir muchas cosas malas y muchas cosas buenas, porque sus virtudes y defectos vienen en ellos pegados con Loctite, pero no son nada patriotas o solo cultivan el patriotismo del idioma. Y ese detalle lo agradezco mucho porque yo, cada vez que alguien se me presenta metiendo tripa y sacando pecho de “español”, “catalán” o “vasco” (por referir, por orden de gravedad, los tres cánceres de España) enseguida me vienen ganas de hacer un truco de magia y convertirme en un aguacate.