miércoles, 7 de febrero de 2018

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El problema de las palabras es que, cuando copulan unas con otras, enseguida forman matrimonios de ideas, argumentos, sistemas y, en definitiva, todo lo que no es poesía. Para hacer poesía debes dejar que las palabras follen sin condón y con cualquiera, nunca en la cama ni con vistas a un compromiso, y solo por el puro placer de follar.