martes, 6 de febrero de 2018

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Momento feliz. Ya de muy adolescente, en las primeras masturbaciones que me hice en honor de Silvia Marsó o Julia Otero, las dos primeras presentadoras de las que me enamoré, y luego más tarde, ante mis dos mujeres-himalaya Iratxe & Natalia, me di cuenta enseguida de que mi sexualidad es de ida y vuelta: yo admiraba, amaba y deseaba sexualmente a Iratxe y Natalia, pero además y a veces…, ¡quería ser como ellas! Quería vestirme como ellas, moverme como ellas, hablar como ellas, y creo que esa tendencia se nota mucho en la sublimación a la que llego en los poemas que les escribí: ¡las amaba tanto porque además yo mismo quería ser Iratxe, quería ser Natalia!

Os cuento esto porque el año pasado descubrí a una presentadora mexicana, Sofía Rivera Torres, que enseguida se convirtió en una de mis trescientas presentadoras favoritas (soy el mayor enfermo egosexual de Madrid), y como me pasa con todas las mujeres que me gustan, reales o ficticias (porque las presentadoras de televisión entran dentro de la categoría de “ficticias”), al mismo tiempo que me salió el macho que la deseaba, me salió también la hembra que sueña con ser exactamente como ella. Y como Sofía se pone unas botas rojas increíbles, adorables, superiores (ver ejemplos AQUÍ o AQUÍ), que me ponen los dientes larguísimos, este invierno me dije: “En cuanto cobre la paga extra, lo primero que voy a hacer es comprarme unas botas rojas, por encima de la rodilla, y me voy a pasear con ellas por Maracaná como la verdadera puta barata que soy”.

Y eso hice. Me compré unas del número 43 en la tienda online Lightinthebox, muy económicas, que me han llegado hoy por correo. Son las que veis arriba en la imagen. Y me he pasado todo el día con ellas, marcando culo, moviendo las caderas y disfrutando de la vida (escribo esta entrada con ellas puestas), y decidido una vez más a no permitir que las mujeres se queden en exclusiva con algunos de los mejores placeres de la existencia. Sí. CAMINAR CON BOTAS Y TACONES ES UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA. Debemos entrar YA en los territorios de ellas, saquear a fondo sus armarios y descubrir el placer de emputecernos. Que no nos asuste la palabra “maricón”: detrás de ella se ocultan galeones repletos de tesoros deliciosos.