martes, 6 de febrero de 2018

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Solo hay dos lugares en España que cuentan con sociedad civil, Euskadi y Catalunya, y desgraciadamente ninguna de esas dos sociedades está articulada en torno a un ideal humanista sino en torno al más cutre de los contraideales, que es el nosotrismo. Cuando hablo de “sociedad civil” me refiero a que tanto en Euskadi como en Catalunya el grueso de los ciudadanos tiene opiniones previas y asentadas que no pueden ser cambiadas tan fácil por los medios de comunicación, incluso en el caso de campañas tan salvajes y goebbelsianas como la que sufrió Euskadi en 2001, cuando trataban de hacer a Mayor Oreja lehendakari, o la actual que han sufrido (y siguen sufriendo) los independentistas catalanes. Pero en el resto de España la situación es catastrófica: la ausencia de sociedad civil es tan galopante que los medios de comunicación, en tan solo un mes, consiguieron sacar de la nada un partido, Ciudadanos, al que siguen mimando como la gran esperanza que guíe a España hacia el nosotrismo rojigualdo y el capitalismo neoliberal. Doy por hecho que antes de cinco años van a conseguir que Albert Rivera sea el próximo presidente, pero no serán los españoles los que elijan a Rivera, no, sino que a los españoles les elegirán a Rivera.