miércoles, 24 de enero de 2018

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Nunca me ha convencido la manera de dividir en colores a los seres humanos, porque se incurre en una exageración cromática de grano tan gordo que se llega a la tomadura de pelo. Para empezar, no todos los negros son negros-negros: gran parte de ellos pertenece a la gama de los marrones. Los pieles rojas tampoco funcionan: basta comparar el color de un indio sioux con el de un tomate maduro y verás que no tienen nada que ver. Otro tanto con los amarillos… ¡cualquiera que haya visto un limón sabe que los chinos o los japoneses no son de ese color! Por no hablar de los blancos, otro chiste del mismo calibre: blanca puede ser la leche, la nieve o la camiseta del Real Madrid, pero nadie con la prueba del oculista recién superada verá jamás una persona con la piel blanca.