jueves, 11 de enero de 2018

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No tengo miedo de volverme loco sino de volverme raro, esa otra locura. También de mi padre se empezó a decir en mi pueblo que se había vuelto loco, justo por la edad que tengo yo ahora, pero mi padre no perdió la razón nunca: lo que le ocurrió es que se creó una razón propia que le fue alejando cada vez más del resto, a los que despreciaba sin ningún disimulo. Sucede que los seres sociales se turban tanto ante los solitarios que enseguida les lanzan la acusación de locura, pero no es así: para nosotros los solitarios, los chiflados sois vosotros.