lunes, 4 de diciembre de 2017

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Toda mi vida he procurado alejarme de las personas del homo homini lupus, esas grandes calumniadoras del género humano, que consideran que hasta en el gesto más noble del hombre más bondadoso existe un interés oculto, torcido, calculador, sucio; personas como Céline, Bernhard, Cioran o La Rochefocauld, en el caso de que estos autores se parecieran a sus escritos. Pero también he tratado de alejarme de los buenos que no se comprometen, de los relaciones públicas que suelen esperar al final de la guerra para elegir el bando, de esos que no tienen opiniones sobre nada y lucen una sonrisa sin contenidos. Toda mi filosofía de vida se funda en ser funebrista y alegrista sin pasar por los puntos medios.