miércoles, 13 de diciembre de 2017

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Se nos está olvidando llorar. En el libro de conversaciones con Françoise Giroud, Hombres y mujeres, Bernard-Henry Lévy dice:
¿Ha observado usted que los hombres ya no lloran? Y eso es relativamente reciente. No sé cuándo empezó, pero en la época de Goethe lloraban con ganas. Debo decirle que en la época de Goethe lloraban por cualquier cosa: por la muerte de un ruiseñor, por la belleza de un paisaje, por una batalla perdida o ganada, por una mirada, por un espectáculo, por una firma afortunada, por una obra de teatro, y también, de paso, por la traición de la mujer amada...