lunes, 4 de diciembre de 2017

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No estoy solo porque me guste: a nadie he encontrado que le guste la soledad en las cantidades que consumo yo. Estoy solo porque he concluido que la compañía de otros debilita mi energía: me pierdo en discusiones inútiles, en ataques de ego infantiles, en necedades con las que se malgasta mi capacidad creativa. Soy un irresponsable, un ultracrítico, un charlatán que se cambia de Batania cinco veces al día, un tipo incapaz de posarse en ninguna rama, salvo la del inmigrante y el odio a las patrias. Pero aún conservo lo esencial para crear, aún conservo frescos mi resentimiento social y mi megalomanía, y creo que solo en soledad mi cerebro llegará a golpear con el puño cerrado en un punto concreto. Claro que quizá a mi cerebro no se le ocurra nada, claro que quizá fracase, pero y qué: mi alegría de vivir consiste en no renunciar jamás a mi héroe.