viernes, 1 de diciembre de 2017

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Lo que sorprende de El siglo de las luces, de Carpentier, son los elogios que le dedicó Fidel Castro, que la designó el primer fruto novelístico de la revolución, cuando la novela se puede leer como una advertencia contra el rumbo que podía tomar la revolución cubana, precisamente el que tomó, y el personaje principal que la ocupa, Victor Hugues, es un revolucionario que traiciona sus ideales de Liberté, egalité, fraternité para convertirse en un despiadado autócrata, exactamente lo mismo que ocurrió con el dictador cubano. Esteban, uno de los personajes que acaba desencantado con Victor Hugues, acaba diciendo:
Esta vez la revolución ha fracasado. Acaso la próxima sea la buena. Pero, para agarrarme cuando estalle, tendrán que buscarme con linternas a mediodía. Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras. Nuestra época sucumbe por un exceso de palabras. No hay más Tierra Prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo.
Y unas pocas páginas después:
¡Cuidado! Son los beatos creyentes como ustedes; los ilusos, los devoradores de escritos humanitarios, los calvinistas de la Idea, quienes levantan las guillotinas.