sábado, 9 de diciembre de 2017

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Insiste Séneca en las Epístolas Morales a Lucilio en considerar el suicidio de Catón de Útica como uno de los actos más meritorios que haya cometido un ser humano. Otro tanto dice Montaigne en sus ensayos. Pero yo me pregunto, ¿cómo va a ser digno de aplauso un suicidio por orgullo? Catón podía haber continuado su vida, exiliarse, haber escrito libros o convertirse en el gusano de la conciencia de Julio César, siguiendo con su defensa del senado y de los valores republicanos; si se suicidó, fue precisamente porque sabía que César le iba a perdonar, un desdoro al que no estaba dispuesto a rebajarse. ¿Que su decisión de suicidarse fue de una valentía impresionante? Desde luego, pero nada loable.