miércoles, 6 de diciembre de 2017

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En “Leo, luego existimos”, Guillermo Díaz-Plaja relata esta curiosa anécdota con Marañón que refleja el castellano-centrismo de España:

Una tarde, hace ya muchos años, en el Saloncillo de la Academia, se comentaba determinado acto cultural programado por la “Asociación de Mujeres Universitarias”. Marañón me preguntó:
– ¿Va usted a ir luego a lo de la calle Fortuny? 
Como yo le amonestara, sonriendo, para que pronunciara correctamente el apellido catalán, me dijo, cogiendo mi brazo según su afectuoso modo de hablar:
–Tiene usted razón. “Ny” se lee “ñ”, como en “Catalunya”.
Y, después de un corto silencio, con voz más grave:
–Pero, ¿cuándo se nos ha enseñado esto a los españoles?

El libro es de 1972, pero en 2017 seguimos igual.