viernes, 8 de diciembre de 2017

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El ex conseller independentista Carles Mundó ha denunciado que la Guardia Civil le puso el himno nacional en el furgón que le llevaba a prisión. Esto me recuerda a algunas viñetas antiguas de Forges, aquellas en las que el padre amenaza al hijo con hacerle escuchar todos los discos de Julio Iglesias en el caso de que no haga los deberes. No me sorprende que Mundó se queje, porque el himno es insufrible; aunque yo haría esta queja extensiva al no menos insufrible “Els Segadors” y a todos los himnos. En la pasión de la peña por los himnos siempre he visto algo que no me cuadra: si las canciones de mis cantantes o grupos favoritos (Queen, U2, Elvis...), por buenas que sean, empiezan a cansarme una vez que las he escuchado diez o quince veces, ¿cómo es posible que a la gente le siga gustando un himno que ya ha escuchado miles de veces y por tanto se ha convertido en música muerta, salvo que sea gente aborregada o víctima de una idiocia mayúscula?