viernes, 8 de diciembre de 2017

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Discuto con mi compañero de trabajo Miguel sobre el quinto balón de oro de Cristiano Ronaldo, un escándalo mayor que el no-Nobel de Borges. Para mi compañero (es del Real Madrid), Cristiano está al mismo nivel que Messi. Para mí es como comparar, en palabras de un personaje de Delibes, “a Miguel Ángel con un pintor de brocha gorda”. Y no me cae mal Cristiano, que además de ser uno de los mejores goleadores de la historia, en la línea de Puskas o Müller, es un tipo menos chuleta y más comprometido de lo que se dice, al extremo de que mantiene con su dinero a escuelas palestinas. Pero Messi es otra cosa (“una de las razones por las que merece la pena vivir”, Setién dixit). Es el Shakespeare del fútbol, el que se mueve en todas direcciones y toca todos los palos con maestría: es el jugador total. No sé cuántas horas al mes me paso viendo vídeos de Messi; pero me juego una cena con cualquiera a que soy capaz de decir sin fallo, si me ponen uno de los casi 600 goles que ha marcado este genio incomparable, la temporada en que lo marcó y el rival al que se lo encajó.