sábado, 9 de diciembre de 2017

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Descubro en unas declaraciones de Nabokov que la famosa boutade de Borges, la de que el Quijote es mejor en inglés, contaba con un precedente ilustre: nada menos que Conrad había dicho que la traducción inglesa de Ana Karenina era mejor que el original ruso (aunque hay que tener en cuenta la alergia a lo ruso del polaco Conrad, que también detestaba a Dostoyevski). Sin embargo, en el caso de Borges, siempre he albergado mis dudas de que sea una boutade, porque el Quijote es un libro de comienzos del siglo XVII con lenguaje de su propia época y, en cambio, la mayoría de sus traducciones se vierten a lenguaje actual. Se debe considerar además un detalle que frecuentemente se olvida, y es que Borges acuñó esa opinión siendo niño, cuando leyó por primera vez el Quijote en la traducción inglesa, y me parece de lo más natural que después, cuando accedió al original de Cervantes, su primera reacción fuera aferrarse a la versión inglesa que había leído antes, que además era más clara, igual que casi todos nos aferramos a la primera versión que hemos escuchado de un tema musical. También a los franceses se les hace difícil leer los Ensayos de Montaigne, porque los leen en francés antiguo de siglo XVI, o los ingleses se tropiezan en Shakespeare con frases en desuso, palabras inventadas o muchos arcaísmos, mientras que para los españoles no catedráticos tanto Montaigne como Shakespeare son pura delicia porque los leemos en traducciones al español de siglo XX o XXI. Es también la misma razón por la que yo mismo me leí los primeros libros del castellano (Poema del Cid, Milagros de Nuestra Señora, Libro de Alexandre, Poema de Fernán González…), por los tiempos fallidos en que me matriculé por filología en la UNED, en la colección Odres nuevos de la editorial Castalia, que los amolda a un castellano actual. Ya sé que esto repugnará a los puristas, pero la desventaja de no leer las obras en su versión original se ve compensada por la ventaja de leerlas en una versión más inteligible. El traductor de obras antiguas traiciona como todos los traductores, sí, pero traiciona en favor de la claridad y de un aire más moderno.