domingo, 17 de diciembre de 2017

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A Chomsky, celebrado lingüista, comenzaron a denigrarlo cuando publicó libros sobre política internacional: “Dedícate a la lingüística”, le dijeron. Al biólogo Richard Dawkins, en cambio, le enrostraron “dedícate a la biología”, cuando emprendió una cruzada contra las religiones y a favor del ateísmo. Y ahora descubro que a Edward Said, renombrado crítico literario, cuando escribió libros sobre el mundo árabe y se atrevió a meterse con Arafat, su lugarteniente le respondió: “Debería dedicarse a la crítica literaria. Después de todo, Arafat no se dignaría a debatir sobre Shakespeare”. Obsérvese el miedo de los prebostes a que algunas personas que han adquirido notoriedad se dediquen a temas que nos conciernen a todos. ¡Cómo les gustaría que la política o la religión fueran ciencias abstrusas que solo comprendieran unos iniciados, precisamente ellos!