domingo, 17 de diciembre de 2017

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Dice Tolstói en sus diarios que es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que llevar a la práctica una sola regla. Pero yo le añadiría a Tolstói que los filósofos no necesitan llevar a la práctica ninguna regla de las que proponen, porque suelen vivir en la soledad más estricta, justo la que les permite escribir esos diez volúmenes de filosofía. El propio instrumento que utilizan, el lenguaje, es tan complejo que no es posible dominarlo salvo después de muchos años y gracias a plurales soledades. Sucede que tanto el filósofo como el literato pisan la garganta de su propia canción (Maiakovski): viven en la contradicción irresoluble de escribir para la vida pero a costa de ella.