sábado, 16 de diciembre de 2017

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Todavía recuerdo, cuando vivía en Vizcaya, cómo me indignaba que los partidos españoles dijeran, para contrarrestar a ETA, que “en este país caben todas las ideas y todos los proyectos se pueden conseguir pacíficamente”. Y me indignaba porque para mí ETA debía dejar de matar de todas formas, se pudiera conseguir su proyecto o no. Porque seis años después de que ETA haya dejado de matar, se demuestra con el caso de Catalunya que hay proyectos en este país que no se permite defender, y que esta no es una democracia para los que nos sentimos personas sino para los que sienten españoles.